domingo, 28 de diciembre de 2014

comedia romántica con tintes melodramáticos.

Los sentidos que se alteran con las manos, son aquellos que sucumben a la vida asumiendo grandes riesgos. El roce, la simple caricia o tropiezo que provoca un pequeño ataque de pánico. Y de repente ahí estás, parada frente a un cuadro mientras notas cómo tus latidos se desbordan y van cayendo uno a uno al suelo con el temblor de tus piernas. Los dedos se entumecen, invalidados por el sudor y el desazón que se ha apoderado, en cuestión de segundos, de tu cuerpo. Contemplas tus posibilidades; puedes quedarte ahí de pie fingiendo sufrir el síndrome de Stendhal por lo que incluso, esa lágrima que se quiere escapar, sería válida. También podrías relativizar y racionalizar la situación, sacudir las manos dentro de los bolsillos de tu abrigo y cambiar de cuadro mientras cambias tus pensamientos.



O también podrías convertirte en ese conejo asustado, indefenso y probablemente estúpido, que decide cruzar la carretera cuando viene un coche, dispuesto a cruzar la calzada o morir.