jueves, 18 de agosto de 2016

la (no) espera

Cada mañana de cada domingo mientras preparas el café, te miro de reojo, como mirando bajito para que no te des cuenta y te desconcentres. Me gusta ver como cierras el paquete de café doblándolo cuidadosamente, temeroso de que se disipe su aroma y con él tu descanso. A la vez, imagino que por arte de magia, te das cuenta de que me quieres, dejas el café y me das un beso.

Imagino que me levanto, te cojo de la cintura para luego esconder mis manos frías en tu jersey para calentarnos un poco buscando tus cosquillas y que tú encuentres las mías. Es fácil. También podríamos sentarnos en la mesa de la cocina abrazados a contemplar la montaña de platos sin fregar mientras planeamos qué será de nuestro día. 
Yo te acariciaría el pelo.
Tú contarías mis pecas.


Pero nunca pasa nada mientras cierras el paquete del café y yo finjo que no te quiero.


domingo, 7 de agosto de 2016

las flores que no huelen


El hueso que toco con mis manos,
el aceite que resbala por las tuyas 
y el sentimiento de pérdida instalado en cada rincón de nuestros cuerpos. 
No es fácil hacer frente a las consecuencias del juego, 
las normas inventadas para querernos sin más, 
como quien no conoce lo preconcebido 
y descubre sin querer el fuego.
Tu fuego, mi fuego.

Ahora, mi respiración la marca tus pasos. 
Esos que cada vez se alejan más de mí. 
Poco a poco, como quien quiere dejarlo todo claro pero sin hacer el menor ruido. 
No esperaría menos de ti.

El hueso que tocas con tus manos,
el aceite que resbala por las mías.
La pérdida calada en cada rincón de mi cuerpo.
Mis consecuencias,
mis normas, 
mi fuego.
El miedo del que no hablo.
La pena que no existe.
El amor que no invento.



El texto que no escribo.